dialoga en Lima y en Loreto

El que nada debe, nada teme

Crítica a la respuesta de Gustavo Faverón

Publicado: 2016-09-30

Lo que voy a hacer es criticar los cuatro mensajes principales que he identificado en la respuesta que ha dado Gustavo Faverón ante todas las acusaciones que le han hecho. Si no han seguido el caso o no saben de qué estoy hablando, les recomiendo que primero hagan click aquí.  

1. Sobre las razones para cerrar sus cuentas

Dice que tiene muchos motivos, sin embargo, en 6, 932 palabras, solo menciona dos. El más obvio, dice, es que ha sido hackeado en diferentes oportunidades:

"Muchos se han preguntado, razonablemente, por qué mi primera reacción ante las acusaciones de los últimos días fue cerrar mis cuentas en redes sociales. Las razones son muchas. La más obvia: a lo largo de los últimos años yo he denunciado en varias oportunidades públicamente el hackeo de mis cuentas."

La segunda razón es menos clara. Da a entender que, como ha criticado fuertemente a todos los medios de comunicación, todo lo que diga podría ser usado en su contra:

"Otra razón para cerrar mis cuentas y dejar de responder debería ser clara para quienes saben cuáles han sido mis actividades mediáticas relacionadas con la crítica de la política y de la cultura peruana (...). Casi no hay un solo medio de comunicaciones relevante en el Perú al que yo no haya criticado en los últimos años, por su mediocridad, por su apoyo a la dictadura fujimorista, etc. (...). Eso me hizo ver que cualquier cosa que yo dijera a un medio de comunicaciones podría ser tomada en mi contra."

¿Por qué alguien que está siendo acusado de serios casos de acoso sexual insiste tanto en dar explicaciones del cierre de sus cuentas? Resulta sospechoso que una persona tan respetada por su capacidad argumentativa dé explicaciones carentes de contenido con tanta urgencia. La verdadera razón por la que lo hizo es otra: es la única manera de ocultar la evidencia.

Me explico con un ejemplo: ayer, mientras releía la respuesta con una amiga, ella me recordó que Gustavo Faverón le había escrito cuando tenía 19 (hace 3 años). La había agregado, la había saludado, y le había dicho que salía linda en una de sus fotos. Quisimos buscar el inbox inmediatamente, tal como lo había hecho otra de mis amigas la semana anterior, y, oh sorpresa, no habíamos podido encontrar nada.

El que nada debe, nada teme. Si Gustavo Faverón no ha acosado a nadie, que abra nuevamente sus cuentas para poder constatarlo.

2. Sobre las personas que lo defienden

Victimiza a sus defensores:

"Cualquiera que exprese una duda sobre las acusaciones es inmediatamente acusado de algo. Le ha pasado a María Luisa del Río, a Juan Manuel Robles (que cambió de opinión), a Alonso Cueto, a Mariella Patriau, a Fernando Ampuero, a César Hildebrandt, a Pía Hildebrandt y le ha pasado a todos los intelectuales, artistas y escritores que han expresado una defensa mía o una posición neutral o simplemente no se han sumado al ataque lo suficientemente rápido." (edit).

María Luisa del Río no fue acusada de nada, fue criticada por escribir una columna en Perú 21 donde decía que veía relaciones consentidas donde todas veíamos acoso y que, en caso lo fuera, era algo que Gustavo Faverón tenía que discutir solo con la víctima (¿?) y con su esposa e hija. O sea, que los trapitos sucios se lavan en casa.

Pía Hildebrandt tampoco fue señalada con el dedo por haberlo defendido, sino por haber minimizado el acoso insinuando que se trataba de gileo monce. Este dato ya no es relevante porque ayer en la tarde escribió que estaba harta del tema y que no tenía dudas de que era un acosador. A buen entendedor, pocas palabras.

Podría seguir con cada uno de los mencionados pero me voy a detener con Alonso Cueto. A mi parecer hizo algo que cualquier amigo haría: decir que lo considera incapaz de hacer las cosas que le acusan. El problema estuvo en sugerir que esa incapacidad tenía que ver con su calidad de "escritor y ensayista de primer nivel", cuando lo cierto es que ser un predilecto de las letras, de las artes, de la música, o de lo que sea, no es incompatible con ser un acosador.

Hasta Gustavo Faverón había señalado hace años en su blog (2008) dicha incongruencia:

"¿Desde cuándo es el interés literario lo que hace inocentes a las personas? (...) Si Melissa Patiño es inocente, merece la libertad como la merece cualquier peruano: por ser una ciudadana peruana y por ser una persona con los mismos derechos de todos, no porque su estatus de poeta joven la coloque por encima de las leyes." (edit.)

3. Sobre no querer hacer declaraciones en los medios de comunicación

Dice que es adverso a los medios de comunicación:

"Soy conocido mediáticamente, pero soy naturalmente adverso a los medios de comunicación, sobre todo los audiovisuales, tan paradójico como eso pueda sonar. Alguien que quiere ser famoso no rechaza entrevistas televisivas de modo sistemático, y alguien que quiere acosar mujeres no rechaza sus conversaciones vía Skype."

No me suena paradójico, me resulta natural para alguien que no quiere mostrar la cara. Rechazar entrevistas televisivas de modo sistemático puede deberse al pánico escénico, al temor a las cámaras, a la vergüenza, a la incapacidad de oratoria frente a un público televisivo, entre otras cosas. Las personas que han visto las entrevistas que le hacen a Gustavo Faverón en medios audiovisuales habrán notado que su capacidad de hablar frente a las cámaras no es la misma con la que habla frente a las redes. ¿Se lo imaginan tratando de defender lo indefendible?

Más que adversión me parece una estrategia. Reconoce sus limitaciones: sabe que expresa mejor sus ideas a través de la escritura. Eso hace que me llame más la atención la mediocridad de su respuesta (considerando que ha tenido dos semanas para elaborarla).

4. Sobre los detalles de los casos

Esta parte me parece particularmente peligrosa de leer porque hay algunos detalles que a simple vista no se encuentran. Da a entender que bloqueó a Tania Sotelo por temor a Mayra Galdo, una fan que lo acechaba:

"Cuando Leonardo y yo nos despedimos en la puerta del restaurant, yo entré de regreso y me acerqué a la mesa. Le pregunté a Mayra Galdo si estaba ahí porque había visto mi post en Facebook. Me dijo que sí y ofreció que me sentara con ellas. Le pregunté a la otra mujer su nombre y me dijo que se llamaba Tania. Me fui. Ese día busqué a Tania Sotelo en mi Facebook y la bloqueé."

Nunca antes había visto a Tania Sotelo en persona y supo reconocerla con nombre y apellido en Facebook con tan solo preguntarle su nombre. Dice que es falso haberla acosado durante años pero los screenshots muestran lo contrario. La explicación que tiene más sentido es que la acosó durante años, descubrió que Mayra estaba implicada en el vínculo, se asustó, y la bloqueó.

Lo que no explica es por qué la desbloqueó luego. Si no la conocía, si nunca había hablado con ella antes del restaurante Pitahaya, si había resultado un encuentro incómodo... ¿Por qué la desbloqueó? Y, peor aún, ¿por qué la volvió a agregar? Nunca deja claro este asunto. Realiza un juego de palabras que confunde: no admite que volvió a agregarla pero tampoco lo niega.

"Dice que tiempo después yo la “añadí” al Facebook y seguí acosándola. Como todos saben, nadie puede “añadir” a alguien al Facebook: una persona puede invitar a otra y la persona invitada puede perfectamente ignorar la invitación, o rechazarla, o incluso bloquear a quien la ha invitado. Muchos se han preguntado en estos días dos cosas: por qué un supuesto acosador bloquearía a la persona acosada y por qué la persona acosada aceptaría una invitación posterior, cuando al fin se ha librado del supuesto acosador. La norma en las respuestas ha sido que nadie debe cuestionar las acciones de Sotelo porque ella es una mujer acosada. Esa norma suena correcta (incluso a mí me suena correcta)."

Finalmente, Julieta Vigueras. Lo que hace aquí es una de las cosas que más hay que criticar de todo este proceso. El debate se ha centrado en demostrar que las cuentas de las denunciantes han sido falsas, dejando de lado que una de las cuentas siempre fue indiscutiblemente verdadera: la de Gustavo Faverón. La(s) persona(s) detrás de Julieta Vigueras -y en general todas las denunciantes- podrían fácilmente demostrar que el autor de los mensajes es él: solo bastaría abrir uno, hacer click en su nombre, verificar que el enlace efectivamente las dirige a alguna de sus cuentas reales, y listo. Lo único que eso requiere es que Gustavo las vuelva a abrir.

Por cierto, no se pronuncia sobre los otros casos que han aparecido en las redes. Ignora el de la empresaria X, por ejemplo.

A manera de reflexión

El acoso no es menos violento por ejercerse a través de las redes sociales. 

Que no hayan canales para denunciarlo no significa que no podamos hacer nada. Lo que más limita nuestro margen de acción ahora es que las cuentas estén cerradas.

Urge reflexionar sobre la necesidad de rellenar vacíos legales, pero sobre todo de reconocer que no van a llenarse solos.

Existen espacios seguros para las que todavía no se animan a dar sus testimonios. Es importante que lo hagan pero no obligatorio.

Este era un secreto a voces que muchas conocíamos en la sombra. No podemos dejar que se convierta en un viejo rumor.

Finalmente: no estamos organizándonos contra Gustavo Faverón, estamos organizándonos contra la violencia. Uno de los primeros pasos para combatirla es exigir que las personas que la ejercen respondan por sus actos: a eso se dirigen nuestros esfuerzos. Menos cinismo y más coherencia.

#AcosoEsViolencia #DaLaCaraFaverón

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Escrito por

Bertha Prieto Mendoza

Feminista, activista, socióloga. Twitter: @Berparacreer


Publicado en

Con-sentido

¿No les pasa que quieren decir algo y no saben cómo hasta que lo escriben? Ya, así, igualito.